La memoria histórica de Ana;

Desde que mi memoria alcanza a recordar, mi familia ha estado vinculada al mundo de la repostería. Ya mis abuelos la "Tía Anita" y el "abuelo Antonio" se dedicaban profesionalmente al negocio, en aquellos tiempos que yo ni existía. Durante la guerra y el periodo que siguió a esta, eran los panaderos del mismo pueblo donde hoy mi familia y yo seguimos su estela.
Cuando casaron a los hijos, siendo ya ellos mayores y sintiéndose cansados, cerraron el negocio a falta de vástagos que continuaran con la tradición. Sin embargo y a pesar de no dedicarse de manera profesional, mi madre seguía haciéndonos aquella repostería en casa con las mismas recetas que había utilizado su madre. Las mismas que nosotros, en esencia, seguimos usando hoy y que me recuerdan al olerlas, a las mañanas de  domingo de mi infancia.

Por cosas del destino o de la casualidad, vaya usted a saber, y después de haber salido del pueblo a estudiar y  haberme casado, después de haber vivido fuera del pueblo y de la provincia, coincidió en unas vacaciones que pasamos en el pueblo, que el dueño de la única panadería que en ese momento existía se jubilaba y buscaba quien siguiera con el negocio.
Pensamos en la posibilidad.. entusiasmados, asustados, pero con ganas y el apoyo de nuestra familia. Así que la posibilidad se transformó en nuestro modo de vida en el año 1979 desde el que regentamos la única panadería que existe en Serón.
Fueron momentos duros, de falta de sueño, de hacer  las cosas y rehacerlas en busca de las medidas perfectas, de las proporciones exactas, pero también momentos muy satisfactorios al ir viendo como nuestro trabajo comenzaba a dar sus frutos.
Durante bastante tiempo seguimos en aquellas instalaciones y con la misma maquinaria que tenía la panadería cuando mi marido y yo nos hicimos cargo de ella.
Poco a poco empezamos a darle forma al proyecto, a nuestros productos y a nuestro diseño.
No fue tan difícil la venta de estos en el pueblo y pueblos colindantes como el intentar abrir mercado donde aún no nos conocía nadie. Pero a pesar de tener unos precios menos competitivos quizá, en algunos productos, seguimos adelante abriendo mercado, porque la calidad pesaba más que las "pesetillas" extras.

Las características que siempre hemos querido que destacasen en nuestro producto son la calidad y la forma artesanal de elaboración de los mismos. Cuidando esta en todas sus fases; desde la elección de la materia prima, pasando por el tradicional proceso de elaboración y cuidando el envasado y reparto de nuestro producto. Todo esto para satisfacción personal y para presentar en el mercado un producto de gran calidad del que nos sentimos orgullosos.

Después de 30 años en el negocio, obviamente algunas cosas han cambiado, como el incremento de la producción o la inversión en desarrollo y maquinaria, pero sin descuidar en ningún momento las bases de nuestra filosofía. Orgullosos de ofertar productos hechos con el mejor aceite de oliva, sin conservantes ni colorantes, ni esencias que modifiquen el sabor de lo auténtico y tradicional como el de nuestras magdalenas.

A menudo al mirar atrás, puedo ver los cambios y miro con nostalgia  cuando aún la "yaya Anita" se pasaba por la panadería a "sacar" los papelillos para llenar después las magdalenas a cucharilla.
Hoy esto no es así, claro, y los cambios se hacen evidentes cuando observamos las instalaciones, los uniformes, la burocracia.. una larga lista que nos hace ser conscientes del año en el que vivimos, conciencia que se olvida cuando nuestras tortas salen del horno y el aroma nos lleva al 79 otra vez..

Nuestro equipo

Marian y Jaime López

La primogénita y el benjamín de la familia.

Yolanda López

La mediana de los hermanos es la imagen del despacho y la reina del obrador.

Ana María Escalada

Dueña y fundadora de la empresa es el corazón del equipo.

Manuel López

Fundador y dueño de la empresa es la imagen de la misma fuera del obrador... casi siempre, a veces también disfrutamos de su buen hacer entre las masas.